El Glaciar Briskdal

Para llegar al Glaciar de Briksdal, antes hay que recorrer la ruta hacia Olden, desde el Nordfjord por el sur. Una vez en Olden son 20 kilómetros más que transcurren pegados a la orilla del lago del mismo nombre, un paisaje verde sobre el agua cristalina, lleno de cascadas y lenguas de agua heladas, anticipo de lo que has de ver. El Glaciar de Briksdal es en realidad un brazo del Glaciar de Jostedal, que es el más grande de Europa y que ha sido protegido como parque nacional, el Parque Nacional de Jostedalsbreen. Si tus medios te lo permiten, no dudes en contratar una excursión en helicóptero para visitarlo desde el aire.

Pero en tierra, la experiencia tampoco queda atrás. Decidimos quedarnos en el mismo alojamiento del glaciar a pesar de la gran cantidad de oferta de cabañas de madera que hay en el camino. Por la tarde, al llegar…..el silencio absoluto… sólo el ruido de las hojas de los árboles y el discurrir de los arroyos. El lugar es sencillo, con muchas facilidades como cocina o lavadora para los viajeros. El personal seco pero atento y la comida parca pero buena, estilo nórdico.

Entrando en la habitación, cansados, escuchamos un ruido como de aire que sale por conductos, muy intenso y por más que nos empeñamos en cerrar el calentador, el ruido persistía. Hasta que, tras haber mirado por todos sitios, descorremos las cortinas y resolvimos el misterio: una inmensa cascada de agua caía con fuerza en un estanque ¡¡¡justo delante de la ventana!!! Naturaleza salvaje.

Con el sueño sumergido en el agua, nos aislamos durante ocho horas para reponer fuerzas. El ansia por subir la montaña nos levantó temprano, antes que el servicio de desayuno incluso. Improvisamos una bolsita de té y una loncha de jamón del picnic del día anterior y con el estómago calentito nos dirigimos a la cima. Sabia decisión que nos permitió realizar la ascensión hasta el glaciar sin más compañía que el ruido de los pajaritos al despertar. Tras una hora caminando, atravesando cascadas, sintiendo cada vez más el frescor del hielo en la cara, por fin, una roca a modo de pórtico, nos da la bienvenida y, al traspasarla, esto es lo que uno se encuentra:

Glaciar de Briksdall
Amanecer en Briksdall

Una de las excursiones más bonitas y maravillosas que uno puede realizar.

A la vuelta vimos hordas de visitantes que subían y subían; Briksdal allí seguiría pero la imagen de toda su belleza expuesta para nosotros también permanecerá en nuestra retina para siempre.

 

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