Florencia y sus mil miradas

En medio de un entresijo de calles tumultuosas, mezcla de colores y ruidos, poco a poco se vislumbra el Duomo con su maravilloso “cupolone” tan característico de Florencia. Los florentinos aman tanto esta obra de arte que Brunelleschi les dejó, que cuando están mucho tiempo lejos de la ciudad, sienten la “nostalgia del cupolone”. Sin avisar aparece de una manera majestuosa la catedral de Florencia y su campanile. Inmensa, sólida, elegante, impertérrita, anclada a su pasado, presidiendo el presente y desafiando el futuro. Su fachada tricolor, mezcla de tres maravillosos mármoles (negro travertino, blanco de Carrara y rosáceo de la zona del Mármara) impresiona nada más verla. El diseño de Santa Maria del Fiore es una auténtica obra de arte. Todo alrededor es una obra de arte. Y cómo no, las puertas del edificio aledaño, el Baptisterio con imágenes de la vida de San Juan Bautista, patrón de la ciudad, son indescriptibles; bien llamadas las Puertas del Paraíso. La suerte, contemplar esta visión y la vanidad, pensar que el gran artista Ghiberti realizó con sus manos la imágenes para que yo pudiera estar en ese momento tranquilamente disfrutando de ellas.

En el interior, la sobriedad de la catedral hace que destaque en toda su magnificencia la vista de los frescos de la cúpula interior. Opto por descender a la cripta de la catedral. Los restos arqueológicos sobre los que se construyó la catedral, se encuentran perfectamente conservados y dispuestos. Los italianos que detentan el arte de imprimir una estampa elegante a todo lo que tocan, han recuperado estos restos para una pequeña iglesia de estilo románico, con un sobrio altar que alberga de manera intimista un lugar para el culto, que invita a la meditación.

Tras dos horas de sentir el arte florentino es hora de impregnarse del bullicio suave de la ciudad. Un pequeño paseo por la Via dei Calzaiuoli nos lleva a la famosa Piazza de la Signoria. Neptuno vigila la presencia de los turistas, simbolizando el poder que tenían los Medici en esta ciudad. También vemos a Perseo con Medusa, ésta sin cabeza, también cómo un desafío de los Medici a todos aquellos que osaran ir en su contra. Es una belleza imperial la de esta plaza, concentrada en un pocos elementos. La estatua de Cossimo il Vecchio, el fundador de la dinastía recuerda en todo momento a quien se debe tanta belleza.

De vuelta a la realidad y tras callejear, explorar, hablar y sentir el arte en todos los rincones de esta ciudad, conviene alejarse un poco y ver toda esta gran obra de arte que es Florencia desde el Piazzale Michelangelo, un regalo para los sentidos.

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