Pequeños grandes detalles en Tahití

Siempre fue un sueño viajar a la Polinesia, surcar los Mares del Sur e imaginar la vida en sus aguas azules y cristalinas. El primer desafío, escoger entre las ciento dieciocho islas que componen este lejano pais de ensueño. Las islas son todas diferentes y se agrupan en cinco archipiélagos con características bien definidas: Sociedad, Tuamotu, Marquesas, Australes y Gambier, desde junglas montañosas hasta playas paradisiacas de arena blanca, lagunas de agua turquesa con intensa vida submarina y atolones perdidos en medio del océano.

Todo es diferente, una estética novedosa donde los habitantes parecen personajes de un cuadro de Gauguin en movimiento. El color predomina en el paisaje, desde la famosa camisa de flores, uniforme nacional de los hombres hasta el pareo, usado por la “vahiné” (chica polinesia) para cubrir su cuerpo o por el hombre, a modo de falda masculina. Es habitual encontrar a la gente descalza, no sólo en los lujosos resorts sino también por la calle.

Los olores, tan característicos, te acompañan desde el primer minuto (vainilla, ylang, ylang, monoi), impregnan todo el ambiente; también a modo de recibimiento y tras un caluroso “maeva” los anfitriones te cuelgan un collar de flores (o varios, uno tras otro) y una pequeña flor de “tiaré” (con olor a jazmín) para colocarla en la oreja, con una interesante simbología sobre tu disponibilidad para el cortejo. Cuando dejas el país, se repetirá la operación con un collar de conchas (para que perdure) y el deseo de mantener el recuerdo.

Los colores y los olores alcanzan el cenit en el mercado de Papeete. Por la mañana, nos maravillamos con los colores de los tejidos y las frutas exóticas y por la tarde, en el puerto, nos embriagamos con los sabores de las roulottes de comida situadas a lo largo de la orilla de la laguna. El food truck ya estaba inventado aquí desde hace tiempo. Platos tradicionales como el pescado crudo y las brochetas, los “maa tinito”, un típico plato chino y una selecta variedad de comida internacional.

Y si eres amante del surf, el punto de encuentro es sin lugar a dudas, la ola de Teahupoo, en el sur de la isla. Naturaleza por doquier, en Tahití asistimos a uno de los amaneceres más bonitos, con los bungalows sobre pilotes en la laguna.

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