¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?

Dos vidas que discurren en espacios temporales diferentes, una a continuación de la otra, con casi cincuenta años de desfase, pero unidas por una determinación compartida: la búsqueda de un espacio para la autorealización.

A veces me pregunto qué pesan más si las circunstancias en las que uno nace o bien la determinación personal para ir alcanzando objetivos, venciendo todos los obstáculos.

Las vidas de Flora Tristán y de su nieto Paul Gauguin relatadas en secuencias paralelas en el libro de Mario Vargas Llosa, “El Paraiso en la otra esquina” ofrecen dos ejemplos de lucha contra los convencionalismos. Ambos personajes se mueven por un deseo de búsqueda personal de su verdad, rebelándose contra una vida impuesta por la época en la que cada uno tiene que vivir.

En el caso de Flora, es el destino de una paria (hija natural de un militar peruano) el que la obliga a hacer un matrimonio de conveniencia para sobrevivir; atada a un marido que la maltrata, no duda en romper estas cadenas y lanzarse a la vida para construirse una nueva. No lo tuvo fácil, en la segunda mitad del siglo XIX, como mujer, hija ilegítima y esposa separada para luchar contra los prejuicios legales y sociales que la marginaron durante toda su vida fuera de la sociedad burguesa a la que hubiera debido pertenecer por matrimonio. Flora Tristán fue una intelectual, no reconocida, con importantes obras como “Peregrinaciones de una paria” que narra sus experiencias vividas en tierras americanas en búsqueda de sus orígenes o el libro “La Emancipación de la mujer” que escribe para que se reconozcan los derechos de las mujeres (los cuales ella nunca pudo disfrutar).

Gauguin_-_D'ou_venons-nous_Que_sommes-nous_Ou_allons-nous
Cuadro de Gauguin: ¿De donde venimos?

Por su parte, Paul Gauguin huye precisamente de esa vida burguesa que posee, con un trabajo como agente de bolsa que le da importantes ingresos y una pasión como pintor que sólo activa en sus ratos libres. La caída de los negocios en bolsa y el hastío de su matrimonio lo empujan a romper su esquema de vida y a dedicarse por entero a su pasión. Tras sus primeros viajes a Panamá y Martinica, llega la inspiración para sus primeras obras de éxito (puestas hábilmente en el mercado por el marchante de arte Theo van Gogh). El empujón definitivo para trasladarse a Tahití y posteriormente a Hiva Oa en la búsqueda de la naturaleza en estado puro, huyendo de todo convencionalismo y artificio de la sociedad europea. Su estancia en las Marquesas fue conflictiva, en su relación con el entorno y en las tormentosas relaciones afectivas (¿?) que estableció con las mujeres locales. Pues como dijo su abuela Flora: “ Dos cosas me admiran: la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres”

Nota.- Este cuadro de Gauguin lleva por título  el mismo que ilustra este post 

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