Un verano en Saint-Remy

No sólo Van Gogh estuvo por aquí sino ¿sabías que Nostradamus nació en este pequeño pueblo? En la rue Hoche encontrarás un monumento en su memoria. En su libro “Las Profecías” anunciaba, entre otras, que en el año 2015, haría mucho calor: “le ciel s’ouvre, et les champs seront brûlés par la chaleur”. Verano del 2015 y el sudor se desliza por mi cuerpo – no siempre todo es bueno – y ya no sé distinguir si es un escalofrío por la coincidencia o bien los 36º que no nos abandonan ni a sol ni a sombra.

Saint Rémy son varias calles que se entrelazan alrededor del Boulevard Marceau, todas con mucha historia y sabor; pasear de noche por la calle Nostradamus, desde la fuente que alberga la estatua que lo recuerda hasta la Antigua Puerta, pasando por la Plaza del Mercado, es todo un gustazo. Si tu opción es degustar un buen vino alrededor de una tabla de quesos o de patés, Le Cha 21 es el sitio. Hay otros bar à vins para tomar una copa, pero este destaca para mi gusto en la amabilidad de los camareros, el surtido tan excepcional de vinos y la originalidad de su decoración. Otro de las grandes descubrimientos fue el Cohiba Café, un bar cubano, con un fumoir interior y de fondo ¡música cubana en francés!… un hallazgo maravilloso. Las carnes, exquisitas con acompañamientos criollos de primer nivel. La patrona, cuya pareja es de Cuba, apasionada por lo latino, hizo de perfecta anfitriona y de nuevo, a pesar del calor, la experiencia gustativa quedará marcada en nuestras “p@pilas”. Si hay lugar, no os privéis de volver, como hicimos nosotros, durante la noche para degustar las mil y una combinaciones de ron que nos proponen. La noche no puede terminar en otro sitio que no sea en Un été à Saint Rémy , una heladería-crepería de nombre inolvidable que nos ofrece cada noche nuevos sabores a descubrir: platos provenzales, galettes y crepes para llevar (si quieres)…pero no dejéis de probad los helados artesanos, hay 39 sabores por descubrir: desde sabor violeta a helado con pétalos de rosa sin dejar de lado el indescriptible sabor a lavanda…

Y por terminar esta pequeña selección, en la carretera hacía Cavaillon, nos perdimos buscando Glanum; y topamos con La Galine ; estos son los momentos que más me gustan de los viajes porque nos permiten realizar grandes descubrimientos como este bistrot familiar, que con una gran gallina en la puerta, nos invitaba a entrar. Un gran surtido de platos generosos en su tamaño e intensidad de sabor. El ambiente es familiar, alejado del bullicio turístico de Saint Rémy, con una terraza interior, que lo hace una acertada elección tanto para el día como para la noche.

 

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