Ronda, la ciudad soñada

imagen del Tajo de Ronda

Rainer Maria Rilke escribió “He buscado por todas partes la ciudad soñada, y al fin la he encontrado en Ronda”…..”No hay nada más inesperado en España que esta ciudad salvaje y montañera”.

Un extraño personaje paseaba hace más de 100 años por las solitarias calles de Ronda. Vestía un traje oscuro y un sombrero con alas que caían hacia los lados. Era un ser introvertido y misterioso, enjuto, con cierto aire de Lord británico, ausente del entorno. Así imaginamos a Rilke, poeta austriaco de principios del siglo XX, paseando por la Puerta de Almocábar, atravesando el puente en busca de su amada imaginaria, asomándose al Tajo, recorriendo a pie los caminos de la serranía rondeña y esperando la inspiración (el ángel como lo llamaba) entre las piedras, en un frío invierno rondeño.

¿Cuál fue el proceso creador / inspirador que motivó la llegada de Rilke a Ronda? Todo comenzó en Duino, cerca de Trieste, en un paraje agreste como es esta ciudad de la Serranía, con clima ventoso y una vegetación parecida, donde Rilke lanzó la primera frase de sus elegías: “¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes angélicas?”

A partir de ahí, se inicia un proceso, al mismo tiempo destructivo y creativo, que culminaría en España, con una prolífica creación de obras como “Al ángel”, “La trilogía española”, el esbozo de su Sexta Elegía” , “El espíritu Ariel”, entre algunos de sus poemas más conocidos que fueron escritos en Ronda.

Pero volvamos a Duino. En una sesión de espiritismo, se le aparece una voz femenina, la “desconocida”que, desde el mundo de ultratumba, insta a Rilke a buscar el ángel en algún lugar. Esa visión le lleva a visitar Toledo. Luego  Sevilla y enseguida Ronda (por casualidad). Aquí se quedó más tiempo y se dedicó a caminar…daba largas caminatas. Era esta su manera de pensar, de ir creando versos poco a poco. En Ronda combina la comodidad del estilo victoriano de su hotel con la inmersión en la naturaleza de esta ciudad, que se asoma de manera suicida al precipicio. Sin nadie con quien hablar, es muy sensible a la naturaleza que parece hablarle. Destaca el limpio cielo de la ciudad y en las cartas enviadas a amigos y mecenas, ahonda en su aislamiento, en su angustia por la falta de creatividad, su mala salud y sus lecturas.

Y ese continuo viajar en búsqueda de un algo desconocido le conduce una y otra vez hacia su propia soledad. Buscando fuera lo que siempre tuvo en el interior, es en Ronda donde, a solas, encuentra “El Ángel”.

Para conocer más sobre este genial poeta: “El vidente y lo oculto” de Mauricio Wiesenthal.

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