Celos y falsa moral

Valorar la fama en su justa medida es imprescindible si queremos dejar rastro en esta sociedad de una manera elegante. Llamémosle fama o reputación, quizá éxito o simplemente, el fruto de una iniciativa personal o profesional por querer ir más allá de la rutina diaria. Este análisis sosegado de la fama que uno mismo u otro puede alcanzar en un momento de su vida, nos ayudará a entender que ni debemos sucumbir a la soberbia, humano defecto, y por tanto, creernos que somos seres únicos, ni valorar en exceso los éxitos ajenos y caer por tanto, en las redes de los celos.

Porque de la envidia o celos al vecino, compañero o familiar a la maldad, hay sólo una frágil línea que a veces se suele traspasar con tristes consecuencias. Traigo esta reflexión a propósito del hermoso libro “La Librería” de Penélope Fitzgerald, cuya historia ha sido magistralmente interpretada en el cine bajo la dirección de Isabel Coixet. Cuando la maldad actúa sin una razón lógica, sin una causa que pudiera exculparla, corroe el alma de las personas que la ejercen aún más que el ánimo de sus víctimas.

A veces los héroes no son los que ganan sino los que resisten los embates y siguen. A la protagonista y heroína de “La Librería” le mueve una noble misión, compartir su amor por los libros y la literatura con los habitantes de un lugar en el que no pasa nada y que, sin su iniciativa personal, se verían privados de esos momentos de felicidad que los libros ofrecen. Frente a la adversidad, sólo su tesón y el convencimiento de que realmente puede aportar a los demás, mantendrá su espíritu a salvo de la mezquindad, aún cuando tenga que partir y continuar su vida en otro lugar.

El ser mezquino lo es por su falta de visión global y su absoluta maldad al pensar que el mundo no puede vivir sin su intromisión constante, que los demás no merecen tener momentos de felicidad, de éxitos. El ser mezquino no se alegra con los reconocimientos al prójimo sino que sufre y por ello incordia. El ser mezquino a veces reviste su mala praxis de una falsa moral que le incita a impedir que los otros brillen pensando que no se lo merecen tanto como él.

Afortunadamente, frente a estos seres mezquinos que sólo les mueve el éxito fácil o el dinero, siempre habrá otros dispuestos a colaborar, a ofrecer ayuda sin pedir nada a cambio, a ofrecer su saber sin compensación y a crear momentos de felicidad para los demás, solamente por la satisfacción de compartir. Porque como bien se dice en el libro “la fuerza de voluntad es inútil si no se va a algún lado”.