Nápoles, “amore e libertà”

Luciano di Crescendo es un escritor (un erudito, ingeniero, aprendiz de filósofo y alguna cosa más ) que murió el verano de 2019 tras una larga vida. Un napolitano nacido en el Borgo Santa Lucia. Toda su obra destila el olor y el sabor de la vida napolitana a través de sus gentes, poniendo en valor la amistad y con disquisiciones filosóficas de alto nivel. No en vano, su obra más conocida es “Historia de la filosofía griega”, una obra divulgativa plagada de ironía.

Todos sus libros son muy divertidos pero si hay una obra que resume claramente el espíritu napolitano, esta es “Así habló Bellavista” un libro singular que mezcla filosofía doméstica con escenas cotidianas – y sobre todo hilarantes-  de la vida en Nápoles.

La primera vez que fui a Nápoles la ciudad me pareció sucia, desordenada, caótica e insegura. La segunda me cautivó su caos ordenado, sus riquezas arquitectónicas y disfruté mucho con las chiacchierate  mantenidas con la gobernanta del hotel durante los largos desayunos.

Pero volviendo al libro, el eje central del mismo es precisamente el valor que el autor otorga a la conversación, como forma de buscar la verdad, a la manera socrática, acorralando la oratoria del oponente, siempre manteniendo el equilibro entre “amore e libertà”.

Esta teoría suya la lleva al plano matemático para establecer que todos los individuos nos movemos en un eje de coordenadas x / y donde el eje horizontal x sería el amor-odio y el eje vertical y sería la libertad-poder. Es muy interesante ver cómo va situando en cada cuadrante a los diferentes personajes de la historia. Hagamos el ejercicio de reflexionar al respecto y tratemos de colocarnos a nosotros mismos y a nuestros conocidos. ¡Seguro que nos llevamos alguna sorpresa!

Con esta teoría clasifica también las ciudades y llega a la conclusión de que Nápoles es sobre todo una ciudad de amore, a diferencia de Londres que es una ciudad de libertà. Y lo ejemplifica de manera ilustrativa: si en Londres alguien se siente mal y se cae, nadie le ayudará porque entenderán que no tienen derecho a invadir su espacio de intimidad. En cambio en Nápoles, enseguida alguien gritará: “traigan una silla, un vaso de agua” y en pocos segundos centenares de personas se agolparán para ver qué ha sucedido, con centenares de vasos de agua. Tanto uno como otro morirá -uno por indiferencia, el otro por asfixia- pero al menos, el de Nápoles tendrá el consuelo de morir rodeado de amor.

Nadie sabe cómo es realmente la ciudad pero como dice el autor

 “aunque esa Nápoles que yo digo no exista como ciudad, tiene que existir con toda seguridad como concepto, como adjetivo. Y entonces, pienso que Nápoles es la ciudad más Nápoles que conozco y que en todas partes del mundo a las que he ido he visto que hacía falta un poco de Nápoles”

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